Estilos de relación de ayuda

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2. Estilos de relación de ayuda

Cuántas veces, ante una situación de dificultad y con la intención de animarnos no nos han dicho, e incluso hemos dicho, frases como estas: “no te preocupes, todo pasará”, “lo que tienes que hacer es salir, de nada te sirve quedarte en casa”, “no llores, ahora tienes que ser más fuerte que nunca”, “ánimo, que hay personas que están peor que tú”, “todo se solucionará”, “es normal que estés triste”, “es ley de vida”. Aunque la intención fuera buena, ante afirmaciones como éstas es muy poco probable que nos sintamos verdaderamente reconfortados y comprendidos. Por ese motivo, si queremos acompañar a seres dolientes, es necesario que identifiquemos cuál es nuestro estilo relacional predominante.

Atendiendo al uso del poder del ayudante y a la disposición de sí, podemos establecer 4 estilos de relación de ayuda:

  1. Autoritario: el counsellor se centra en el problema del ayudado y quiere ayudarle a resolverlo de una manera directiva. La relación que establece con el ayudado es de dominio-sumisión pues está más centrado en sus propios recursos que en los del cliente.
  2. Democrático-cooperativo: el counsellor también se centra en el problema del ayudado, pero adopta una actitud facilitadora porque tiende a implicar a la persona ayudada en la solución del problema. En este caso, el consejero no impone soluciones, sino que las propone, acompañándole y animándole a que tome sus propias decisiones utilizando sus propios recursos.
  3. Paternalista: el counsellor se centra en la persona del ayudado y tiene en cuenta cómo vive su problema, pero la intervención es directiva, pues, bajo su tutela y protección, asume la responsabilidad de lo que le sucede al ayudado. Su actitud paternal, engañosamente cercana, contrasta con la falta de confianza en los recursos del ayudado.
  4. Empático-participativo: el counsellor se centra en la persona y su actitud es facilitadora. Es decir, tiene en cuenta la experiencia y los recursos del ayudado y su objetivo es que éste profundice en el conocimiento que tiene de sí mismo, de sus recursos y dificultades. Este estilo de relación logrará que el ayudado se sienta comprendido, facilitará la autoexploración y la resolución del problema o situación adversa.

En nuestra labor como counsellors, en primer lugar, tenemos que ser conscientes de cuál es el estilo de relación que solemos establecer con las personas que acompañamos, para después identificar por qué lo utilizamos. Las causas del uso de uno u otro estilo pueden responder a la inseguridad personal del counsellor, a la necesidad de obtener resultados inmediatos o a un miedo hacia el verdadero compromiso emocional y afectivo con la persona doliente.

Para que el estilo de relación de ayuda sea eficaz, éste debe centrarse, sobre todo, en la persona, concibiéndola desde un sentido global u holístico. Para lo cual, el counsellor, en su acercamiento hacia el ayudado, tiene que contemplar las cinco dimensiones de la persona: corporal, intelectual, emotiva, social y espiritual o religiosa (sólo así podrá valorar cómo se han visto éstas afectadas por la situación adversa). Me parece muy interesante la aportación de Bermejo[1] al considerar que el ayudante también debe considerarse a sí mismo en un sentido global, integrando todas las dimensiones de su persona. La esa visión holística que tiene el counsellor de sí mismo, le facilita, también,  la consideración holística del ayudado.

Aunque el estilo que debería predominar en nuestros acompañamientos es el empático, en determinadas circunstancias quizás recurramos otro. Como afirma Bermejo (1998)[2], “todos los estilos pueden tener su lugar en la relación de ayuda al que sufre, si se saben usar con flexible selectividad y teniendo en cuenta los distintos elementos de la situación concreta”.

[1] J.C. Bermejo, Apuntes de relación de ayuda, Editorial Sal Terrae, Santander, 1998: 20.

[2] Ibid., p. 19.