LAS PÉRDIDAS Y EL DUELO

Difícilmente podemos encontrar a alguien que no haya vivido una pérdida, ya que la pérdida, como seres finitos que somos, nos acompaña siempre. En cierta manera, perdemos alguna cosa en cada paso que damos en nuestro viaje por la vida. Perdemos cosas que van desde las más concretas, como las personas, los lugares o los objetos a las más inmateriales, pero no por eso menos significativas, como son la juventud, los sueños o los ideales.

A pesar de que la muerte de un ser querido es una de las mayores y más profundas pérdidas que experimenta el ser humano a lo largo de su vida, todos vivimos otras pérdidas que generan dolor. No hay vida sin pérdidas.

El duelo no es una enfermedad sino una respuesta a la pérdida de un ser querido, o de algo que para nosotros es significativo, y supone un proceso, más o menos largo y doloroso, de adaptación a la nueva situación. El duelo es una vivencia global, ya que no solo afecta a nuestras emociones sino también a nuestras cogniciones y creencias, a nuestro cuerpo físico y a nuestro cuerpo interno, existencial o espiritual, a nuestros comportamientos y a nuestra relación con los demás y con nosotros mismos.

Elaborar el duelo significa afrontar el impacto de la pérdida y adaptarse a la nueva situación. La intensidad y duración del duelo depende de diversos factores:

· De las circunstancias de la muerte (esperada, súbita, violenta).
· De las características de la persona en duelo (resiliencia o capacidad de adaptación).
· Del vínculo con la persona fallecida.
· Del contexto.
· De duelos anteriores.
· De la edad.

La elaboración del duelo es un proceso dinámico, de fases (aturdimiento y choque, evitación y negación, conexión e integración, crecimiento y transformación) y tareas (asimilar la realidad de la muerte, elaborar los aspectos traumáticos y la sintomatología, tomar conciencia, controlar y disolver los mecanismos de protección ante el dolor y la fragmentación, graduar la aceptación de la muerte, elaborar la dimensión relacional de la pérdida, expresar las emociones, dar un significado emocional y cognitivo, reconstruir los significados personales, abrirse a uno mismo, a los otros y a la vida, etc.).

A pesar de que todas las personas en duelo participan de unos patrones comunes, el proceso es único. Así pues, no todo el mundo ha de pasar por cada una de las fases, ni elaborar las mismas tareas, ni lo vivirá con la misma intensidad y duración.